Crónica de los brazos vacíos: Manual no oficial para aprender a vivir de nuevo.
Necesito algo que no está en este mundo.Este año se veía muy bien, este, iba a ser el cumpleaños más feliz de mi vida y yo, no tenía que estar aquí hoy, yo tenía que estar ahora sentada por ahí, estudiando, cansada, hinchada, apenas pudiendo moverme, yo estaría esta noche abrazando mi novio con unas pataditas que serían mi recordatorio que todo el esfuerzo valía la pena, pataditas para que papá se levantara y que esos piececitos nos motivara cuando ya la vida no nos gustara tanto. Cuando nace un bebé, hay una infinidad de libros de crianza, libros que ayudan a las nuevas mamás a cuidarse y cuidar de la nueva vida, pero cuando se muere el bebé, nadie enseña a la nueva mamá a cuidarse, entenderse y maternar la muerte.Existe un desconocimiento generalizado sobre este tema. Socialmente, el duelo gestacional es un duelo no reconocido, que se intenta evitar, reprimir, restarle importancia, silenciar, en definitiva: es un duelo negado, un “actuar como si nada hubiera pasado, total no lo viste nacer”. Aquí no solo nace la muerte de ese ser que tanto amas sino también de las personas que solíamos ser, esas personas inocentes que creían que un embarazo siempre trae consigo felicidad y un bebé en los brazos, aquí les traigo una plática de mamá a mamá con el corazón en las manos, una plática de como será la vida en el intento de aprender a volver a vivirla, aquí solo traigo un poco de palabras a través de una madre que abrazó la muerte cuando se preparaba a recibir vida.
En varias ocasiones dentro de la primera fase, recibirás comentarios de ver el futuro, allí, donde parece que todo va mejor pero cuando ocurre algo tan difícil, la vida se para y el futuro se vuelve irrelevante.
“No hay latido” son las durísimas palabras que hemos tenido que oír muchas familias y debo admitir que aún algunas noches necesito dormir abrazada sintiendo el latido de mi novio, sabiendo que, ese latido que tengo bien cerquita al oído, también fue parte de ese latido que tuve la maravilla de poder oír unas pocas veces y que aún puedo oír si cierro los ojos.
La imagen que tienes siempre es que las mujeres dan a luz y lo primero que sientes es a tu hijo llorar.
Mi Antonia no lloró nunca. Llorábamos nosotros. Yo me enteré de la pérdida a los tres meses y se supone que allí todavía no había pasado casi nada ¿no? Pero a mi si que me había pasado, tu ya te estás comprando ropa para de aquí a tres meses cuando tendrás aquella panza que tantas ganas tienes de tener y compras su ropita para que incluso antes de que exista ya no le falte nada cuando llegue, por amor, porque increíblemente el corazón llega antes que el propio cuerpo y quieres que todo salga bien.
Es como una imagen que se quedó grabada, pasamos por el hospital, me tocó tener el parto (y es que nadie te dice que el legrado es literal pasar por todo el proceso de dar a luz), la única diferencia es que vinimos con nuestro hijo en el vientre y salimos sin él (salí de ahí vacía, literalmente sentí que me habían vaciado el alma) a pesar de eso, yo sí me la llevé a casa, en la cabeza y el corazón, porque si alguien ahora me preguntara qué es lo mejor de mí, yo siempre diría que fue esa personita que dejé ese 21 de Febrero en esa camilla.
Es un duelo no tener una palabra, ningún idioma tiene una palabra para nombrar a los padres cuyo hijo ha muerto, las personas que están en duelo, necesitan encontrarle un sentido a lo que ha pasado, porque lo puedes entender pero no comprender hasta que te pase a ti.
Un duelo requiere tiempo, aunque la gente crea que por ser una pérdida en el primer trimestre no tiene gran importancia “a todos les puede pasar” (piensa que dan más tiempo por permiso de matrimonio que para un funeral) pero, a su vez, también hay que tener en cuenta que, cuando cruzas esa barrera del dolor, muchas veces creces, cambias valores, remueves cosas, mantienes lo importante. Y si, la invisibilidad de la maternidad te desgarra el alma pero cuando te inundas hasta las cejas y consigues salir de ahí, descubres que lo que te une a tu hijo no es el dolor sino es el amor. Un amor infinito que traspasa todas las barreras de lo físico y lo tangible que te llena por completo. Nunca pensé que podría llegar a sentir un amor así, de tal magnitud y nunca pensé que podría haber cumplido mi sueño de tener parte, aunque haya sido por un tiempo corto, de un hombre el cual ha sido el gran amor de toda mi vida. Y me siento afortunada por ello, de haber formado parte de un gran equipo/familia, nosotros, los tres mosqueteros.